Las sesiones empezaron el
día lunes 5 de enero y fue como me lo esperaba. Hasta podría decir que mucho
más que eso. Fui con mi compañero Adrián y después de aceptarnos el proyecto teníamos
que ir los lunes, miércoles y viernes en el horario de la tarde de 3 a 5 y 30.
El albergue Frieda Heller está ubicado en el distrito de Surco en la avenida
Primavera 1075.
Apenas llegamos, nos
recibieron de una manera estupenda, y nos ubicamos en la sala para esperar a
que todos los pequeños bajen. Estaba muy emocionada, habíamos llevados nuestras
cosas para la primera clase, como marionetas de animales y cuentos pues en esta
sesión avanzaríamos el tema de reconocer animales. Llegaron solo dos pequeños
porque el resto se encontraban en la quimioterapia, así que empezamos la
sesión.
Al comienzo rezamos y
pedimos porque las personas en el mundo no sufran: fue una petición de uno de
los pequeños que se llamaba Bryan. También, pedimos por la paz en el mundo y
porque nos podamos conocer mejor después de todas las sesiones.
Empezamos por leer cuentos,
y luego por reconocer los animales en las marionetas. Asimismo, hicimos que los
dos pequeños pudieran coger la marioneta y empezar a hacer movimientos en la
mano para que la marioneta se mueva. Así, desarrollábamos un buen movimiento de
la mano ya que se tenía que hacer un buen control de los nervios de las manos,
para que así posteriormente se puedan realizar más cosas con las manos.
Mientras que nuestros
pequeños realizaban las actividades, me sentía muy afortunada ya que pensaba
que no hubiera podido encontrar un mejor lugar para realizar mi proyecto
personal de verano. Culminó la clase y las madres de Piero y Bryan nos
agradecieron ya que no veían a sus hijos reír tanto como ese día.
Mis padres pensaban que no
era una buena idea el hacer este voluntariado porque ellos saben que soy una
persona sensible, que no me gusta el dolor de las personas y que probablemente
me pondría a llorar en algún momento, y
quizás tenían razón. Pero desde hacía mucho tiempo que me moría por ayudar a
los pequeños con cáncer, y estaba dispuesta a cumplir mi objetivo pese a lo que
pese.
Tuvimos distintas sesiones
donde trabajamos con pinturas y plastilinas ya que así trabajan los pequeños
los músculos de la mano, y al finalizar la clase leíamos cuentos con todos los
pequeños. En cada sesión éramos 7 o 9 pequeños.
Mientras avanzaba el tiempo,
me cuestionaba mucho por qué personas tan buenas y cariñosas sufrían de una enfermedad
tan difícil y dolorosa. Pero luego reflexioné y llegué a la conclusión de que
Dios nos pone diferentes pruebas a todas las personas, pero sabiendo que
podremos superarlas.
En todo este mes de Enero he
tenido vivencias increíbles, he conocido a muchos pequeños como Berenice,
Bryan, Piero, Edgar, Estrella, Nathaly, Daniela, Brenda, Alonso, Diego y
Melissa. Espero realmente conocer a mucho más; ellos me hacen irme de este
mundo por dos horas tres días a la semana, y llegar a un mundo donde son
felices y me enseñan a luchar por lo que quiero y que los problemas que tengo
no son tan fuertes como yo lo pensaba.
Me siento muy satisfecha con
lo que hago, estoy pensando en realizar una ONG para niños con cáncer en un
futuro, y será mi objetivo, sé que lo haré.













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