Y hasta que por fin volvió la oportunidad de ir al Colegio
de Santa Rosa de Llanavilla. He estado tan feliz, esperé que llegara ese
momento toda la semana de vacaciones pero por fin logré ir. El día de ayer
estuve muy emocionada pues yacía muchos sábados y semanas que no iba pues
estuve operado y no podía hacer mucha actividad física. Y como siempre digo:
cada oportunidad de estar con mis pequeños es distinta, pero esta vez fue muy
distinta. Mis compañeros del 4 “D”, se han acoplado a nuestro salón, por lo que
ahora somos más profesores en los salones de quinto y sexto grado. Así que
también fue algo difícil el hacer la sesión, pues son personas nuevas que
obviamente como todas, tenemos nuevas ideas y diferentes puntos de vista. Al
planear las sesiones, volvió el tema de antes, el que nadie se escucha y todos
parecemos unas graciosas pero a la vez egoístas avestruces que sólo quieren
hacer lo que quieren sin medir las consecuencias y sin tomar en cuenta lo que
piense otra persona. Pero considero que aun así, logramos armar una buena clase
con ellos, y sentí que ya no se sentían tan nerviosos los que iban, pues iba a
ser su primera vez; la primera vez que experimentaban algo que sé que poco a
poco les alimentara el corazón.
Llegamos algo tarde ya que se demoraron algunos compañeros,
pero como dije antes esta vez fue diferente. No era como siempre, que ellos nos
esperaban a nosotros, sino que esta vez, nosotros esperamos a que ellos
llegaran. Y no, sé que no hay nada de malo el esperarlos, pero me daba un mal
presentimiento, y se sintió algo… mal. Sé que no olvidaré esta experiencia,
solo le dimos clase a 8 alumnos, 8 alumnos de los 25 que había antes de que
dejara de ir a Llanavilla. Me sentí tan mal, pero eso no me detuvo y empecé la
clase. Yo di una gran parte de la clase, e hice también que compañeros como
Camila, Sebastián y Eva que son del otro salón también la den. Pude apreciar
que les gustó mucho, como mencioné antes ellos atravesaron un reto diferente,
empezaron a dar clases en inglés. Considero que la clase fue buena, aunque
igual los pequeños estaban distraídos y un poco alterados, y eso se debió quizá
a que no eran muchos.
Pero creo que lo más marcó esta visita, es decir la historia
de esta visita, fue Lucero. Lucero es una niña que tiene mi edad, 14 años, y
debo de decir que desde que empezó la clase no mencionó ninguna sola palabra,
al igual que Mayhra su hermana, quien
tiene 16 años. Todos los compañeros de mi grupo hemos estado muy preocupados
hasta ayer. Ayer, cuando le di el pase para que explique las actividades a
Camila, me senté al costado de Lucero, ya mis compañeros habían intentado hablarle,
pero ella no respondía. Así que le empecé a explicar el tema y cuando le dije
que no le gustaba, me respondió. Creo que pocas veces en mi vida me he
emocionado, y esta vez, lo hice, me emocioné muchísimo, fue la primera palabra
que dijo en todas estas sesiones. Oí su voz y era tan fina, suave y alegre, y
dulce y aguda… y ahora me doy cuenta que muchas de estas cosas no suceden por
gusto, suceden por él, el que está allá arriba.
En fin, en esta experiencia puedo decir que he cumplido con
las siguientes experiencias de Ciudad de Dios:
1. TRABAJA EN COMUNIDAD: Trabaja en colaboración con otras personas. Ya que esta vez trabajé con
personas con las que no había trabajo antes por lo que fue más difícil.
2. LIDERA CON INSPIRACIÓN:
Emprende
nuevos desafíos y desarrolla nuevas habilidades. ¿Y cómo no hacerlo?
Creo que tengo ya mucha inspiración en cada pequeño a quien enseño.
3. ORGANIZA ACTIVIDADES: Propone
y planifica las actividades. Esto lo cumplí en toda la semana antes de ir a
Llanavilla.
4. SE COMPROMETE Y ESFUERZA: Muestra perseverancia y compromiso personal en
sus actividades. Esto se evidencia en todo lo que
puedo hacer que está a mi alcance ya hasta más.
Prometo
que mi reto de la próxima semana será el que Lucero me vuelva a hablar de
nuevo.


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